DÍAS DIFÍCILES
Hoy es 18 de diciembre del 2001. Pedro mira su reloj , son las 6.50,
está en horario. Trabaja en una fábrica
de manufacturas sintética desde hace 18 años. Ingresa al tarjetero, toma su
tarjeta. Con sorpresa y bronca lee una nota donde dice que no prestara servicios y que se dirigiera a la
oficina de personal.
Al minuto se presenta a dicha oficina donde un
administrativo le entrega una nota. En ella
dice que queda desafectado, el motivo: “exceso de personal” y la “disminución del presupuesto”. Pedro le
pregunta a la persona que le entregó la nota si podía hacer algo para evitar
ese despido, a lo que le responde que se dirija a la oficina del jefe Fernández
, además le dice que no es el único afectado ya que ocho compañeros más han sido despedidos.
Pedro en ese momento no reacciona, tiene su mente en
blanco, los latidos del corazón se aceleran,
sus piernas le tiemblan y un
sudor frío recorre su cuerpo. Piensa: “ahora qué hago, Marta mi esposa se va a poner
muy mal cuando se entere ya que la única entrada de dinero es mi
trabajo, además tengo dos hijos, Matías de 11 años y Martina de 9, que
concurren a una escuela privada”.
A los 5 minutos entra Juan, que está en la misma situación
y le dice:
- Sabés lo que pasa , que nosotros estuvimos haciendo
movilizaciones para evitar que la
fábrica cierre y perdamos nuestra fuente
de trabajo. Ésto molestó al señor Fernández porque, al no realizar el producto por los paros que
hicimos, bajó la producción y perdieron la exportación.
- Está bien, el señor Fernández tiene sus razones, pero nosotros como delegados, tenemos la obligación de defender nuestros derechos y la de nuestros compañeros, todos estuvimos de acuerdo y acordate que también nuestras familias estuvieron involucradas, porque nuestras mujeres preparaban el almuerzo y nuestros hijos estaban acompañándonos – contestó Pedro y agregó - La verdad que también tuvimos angustia ante la irrupción de la policía solicitada por el jefe de la fábrica, además porque la dejaron cuando él dio por finalizado el conflicto.
Juan reflexiona:
- ¡Qué mala pata!,
los delegados pagamos los platos
rotos, quedamos sin el pan y sin la
torta y eso que tenemos buena
conducta, llegamos a un arreglo con el jefe y comenzamos otra vez a trabajar,
me parece que en esta Argentina, quien obra bien termina mal.
- Estamos como el país – contesta Pedro - De la
Rúa hace papelones en el programa de Tinelli en lugar de cumplir sus funciones y evitar que las cosas aumenten, así estamos
de mal en peor y, encima, nosotros sin
trabajo .
- Pero acordate que nos tienen que pagar una indemnización
y un fondo de desempleo, ésto nos va a ayudar a conseguir un trabajo, yo también
estoy rejodido porque tengo un bebé de 8
meses a quien hasta el día de ayer le
compraba pañales de marca y, ahora, le
compro pañales de segunda calidad. Y ahora qué hacemos, por lo pronto iré a mi
casa, me sentaré junto a mi mujer y le diré
la verdad. Después Dios dirá. Nos vemos mañana. – Y palmeándolo en el hombro, le
dice - Fuerza, adelante! Ya sé, es consuelo de tontos pero, consuelo al fin.
Ambos se retiran a sus hogares, Pedro se baña, le
cuenta a Marta lo acontecido, quien lo alienta, y le manifiesta que, para salir
del paso, se va a anotar en la salita
del barrio porque Ana le comentó que necesitaban personal de limpieza. Le dice
que se quede tranquilo, que Dios lo va a premiar por todo lo que ayudó a sus
compañeros, porque siempre da sin mirar a quien, que mañana ubique un abogado
para la tramitación de la indemnización y también del fondo de desempleo, lo
abraza y le da un beso. Ésto reconforta a Pedro, que se relaja y así puede
pasar la noche y descansar tranquilo, sin pensar en nada, sólo en su familia.
Así transcurren dos días, en los que Pedro y Juan
ubican un abogado, quien los asesora y los tranquiliza diciéndoles que van a
cobrar lo que corresponde, que no les puede precisar la fecha, pero que va a
tratar de que sea lo más pronto posible. Juan esboza una tímida sonrisa y le
dice a Pedro
- Menos mal porque Sonia, mi señora, se enojó, me
culpó de que soy muy confiado, ayudo a los demás y los demás nunca me
agradecen, cuando yo necesito algo nadie
se acuerda de mí, que me joda por lo que me pasa, que soy culpable de ello.
Pedro lo alienta:
-
Está
dolida - le dice - ya se le va a pasar, ya vamos a estar mejor, un día de éstos
pasen por casa, quizás cuando escuche a Marta cambie de actitud.
-
¡Ojalá! – dice Juan - porque viste que todo
está mal, De la Rúa ,
se fue del gobierno como rata por tirante, hizo todo mal, total nosotros somos
los que nos jodemos, el aumento de la canasta familiar se fue por las nubes,
estamos en el horno pero… a mal tiempo buena cara. Bueno Pedro nos vemos, esperemos
que corran otros aires, porque lo que ocurre con los saqueos a supermercados y el
aumento de los precios nos deprimen más.
-
Es lo
que hay – dice Pedro y lo saluda con un “hasta siempre”.
Por Diego Palazzo.
Por Diego Palazzo.
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