jueves, 28 de noviembre de 2013

Texto de opinión/análisis

Ni un paso atrás…..
En  1976 se llevó a cabo un nuevo proyecto de país, el neoliberalismo, implementado por los gobiernos de facto, quienes para distraer se pusieron en la cabeza la  organización del Mundial de Fútbol. Esto, a pesar de ser una tendencia en el mundo, era desconocido en Argentina. Dicho gobierno no sólo hizo desaparecer personas, sino que también destruyó la Industria Nacional. Con respecto a ello, Rodolfo Walsh en su “Carta abierta a la Junta Militar” especifica claramente los manejos de la última dictadura.
Fue terrible ver cómo las fábricas cerraban sus persianas y se realizaban tantas atrocidades. El modelo Neoliberal, fue profundizado en la década del 90, donde el comercio argentino parecía ser el rey de la importación de productos mientras, como se mencionó, la Industria  Nacional estaba desapareciendo. Si bien el tipo de cambio favorecía el sistema económico, perjudicaba cada vez más la mano de obra dejando miles de desocupados, ya que los productos argentinos no podían competir con los made in China, Taiwán, entre otros. Como todo lo que se podía se privatizaba, el Estado se quedó sin Aerolíneas  Argentinas, sin Ferrocarriles, teléfonos, Yacimientos Petrolíferos Fiscales y demás.
La consigna era: es mejor privatizar porque el aparato estatal había crecido tanto que  no podía controlar y administrar todas sus dependencias, los capitales privados asegurarían mejores servicios, cosa que no era cierta. Pacho O´Donnell describe muy bien dichas intenciones en “El Gran Transformador” donde alaba al ex Presidente Menem, diciendo que esta época será inolvidable.
Hoy se observa que las privatizaciones no sirvieron, dejaron maquinarias vetustas, se llevaron todo lo que pudieron, vaciaron al país. Muchos capitales se fueron, destruyendo todo a su paso. Este modelo dejó mucha gente excluida, benefició a los más grandes, los de mayor poder adquisitivo, fue un fracaso en todo orden de cosas ya que dejó muchos más pobres de los que había, menos fuentes de trabajo y pocas divisas.  Es algo que no debería volver a pasar en Argentina, ya que sería  un grave retroceso y vuelta a empezar.
Tal situación lleva a que el  pueblo se vaya decepcionando con la política, porque muchas veces los objetivos que se proponen no se llevan a la  práctica, hay una disociación, dicho estado anímico fue reflejado en el cuento de Miriam Maidana “18 Horas”. Parece que los políticos son todos iguales: muchas veces se pelean pero, al final, se juntan y comen del mismo plato.
El punto culminante fue diciembre del 2001, cuando el pueblo se autoconvocó en la Plaza de Mayo al grito de “que se vayan todos”, porque consideraban que los dirigentes habían causado los grandes males del pueblo argentino, por ejemplo la ausencia de trabajos dignos, producto del cierre de industrias, la imposición de una enseñanza extranjera que se adapte a la cultura argentina, como si ésto fuera productivo.

 Pero los resultados son nefastos, al poco tiempo caen por su desuso y falta de estructura, ya que no se adaptan a la idiosincrasia latinoamericana, los gobernantes se enamoran de otras culturas y no tienen en cuenta que el país se destaca por haber tenido un gran educador, como  Sarmiento, quien  buscó a sus pares para llevar a cabo grandes objetivos, ensalzando los valores, haciéndolos únicos y propios. Ésta cultura tiene su riqueza, las ideas innovadoras de otros países pueden ser fructíferas siempre que no se desvalorice la identidad nacional. 


Por Diego Palazzo.

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